
Estamos en tiempo de cuaresma y a escasos días de la semana mayor, llamada también “Semana Santa”, periodo que simboliza los cuarenta días (40) que Jesús estuvo en el desierto, así como otros eventos que la iglesia católica incluye en esta celebración.
Es preciso entonces hacer un alto en nuestras vidas y hacer algunas reflexiones, motivadas o no por el acontecimiento que hace un par de siglos ocurrió en el Monte de Los Olivos en Jerusalén.
El legado quizás debe ser el amor al prójimo, convertirnos a través de la generosidad, ser compasivos llenar nuestros corazones de caridad y sensibilidad, elevando nuestro espíritu de paz y amor. No sólo reflejando la pasión individual por apoyar a los más necesitados y menos afortunados, aún cuando no soliciten la ayuda, debe ser un acto de fe, que nazca de nuestras propias convicciones de servir y hacer más llevadera la carga de los menos favorecidos.
Hoy cuando veo en la calle, cientos de rostros que reflejan esa soledad y tristeza, con sus sueños rotos e ilusiones perdidas, me veo a mi mismo en la debilidad, en los momentos en que la fe desaparece sin dar explicación, quizás como producto de mis temores y miedos, pero que luego recupero por la obra divina del Espíritu Santo. Es ese el instante de conciencia donde nuestra acción debe capitalizar la virtud de la generosidad.
Vivamos este tiempo de gracia no sólo para renovar nuestra fe, que sirva para comprometernos de ahora en adelante a no dejar a un lado la razón que llena verdaderamente parte de nuestra felicidad, esa que nos motiva como verdaderos cristianos, dar sin esperar nada a cambio, con sencillez, desprendimiento, vocación y sobre todo con la esperanza de ver un mundo mejor y más justo.
Los invito a recitar conmigo la oración que aprendí siendo Boy Scout años atrás y que reza así:
Señor Jesús,
Enseñame hacer generoso
A servirte como tu lo mereces
A dar sin medidas
A combatir sin temor las heridas
A trabajar sin descanso
Y no esperar otra recompensa
Que el saber
Que lo hago
Por tu santa voluntad
amén
Por: Gennaro Pascale C.









