Enciende la luz

14 04 2008

Escarabuey para desconectarse

 

Por: Julio Romero Anselmi

 

El mayor alienante mundial es la televisión, muchísimo más que las religiones, los partidos políticos y el fútbol. Su perverso masaje mental causa adicción, esclaviza, idiotiza. La televisión fragmenta a las familias, las incomunica, las individualiza radicalmente, las enmudece. En muchos hogares hay 3, 4, 5 y hasta 6 televisores, aburriéndose el telespectador si no está frente a la pantalla casera. La programación de la televisión comercial estimula la violencia, la sicalipsis, el esnobismo, el consumismo y el desprecio por lo autóctono. “El mago de la cara de vidrio” mediatiza, enajena, moldea, conduce, influye directamente en el comportamiento, falsea, tergiversa, da visos de realidad a la patraña virtual, artificial, trucada. La televisión es un cáncer hipnótico que destruye a quien la consume a diario, crea dependencia enfermiza, aguda, crónica, de asistencia clínica especializada; es una droga que disocia de todo cuanto sucede. Son millones de personas, sobre todo niños y adolescentes, que se exponen a su bombardeo hasta 6 horas diarias.

 

El televidiota, el teleadicto, cree absolutamente en las emisiones de la gran dictadora, la dañina ilusión programada por los engendros del poder. El espectador idiotizado se postra ante esta especie de tótem divulgativo de la falsedad y su voluntad y discernimiento se reducen al máximo. La publicidad, las mamarrachadas y afectaciones de teleculebras, filmes y espacios “humorísticos”, los denigrantes y cretinizantes programas de concursos y de ramplona “ayuda” sentimental, la deformación informativa (que no desinformación como equivocadamente se le cataloga), todo el avasallante paquete diario de conductismo que masifica y celebra la estupidez, debe enfrentarse con emisiones educativas, de sana diversión, de correcto análisis e interpretación periodística, de investigación científica y técnica, de amor por el ambiente y todos los seres que pueblan el planeta, de la hermandad solidaria entre los humanos, estimulando la paz y la libertad.

 

En un pasaje de la obra de la autora estadounidense Barbara Marciniak, ésta dice que para recuperar la armonía mundial es necesario desconectar a la gente de la televisión y de la internet, de suspender súbitamente sus emisiones, de sacarlas por completo del aire para que se restablezca el diálogo entre los humanos, se recupere la identidad, se desintoxiquen, para que se liberen, se amen, fraternicen, para que se desmercantilicen, para que abandonen la estúpida puja de la competencia, para que vivan de nuevo en la verdad y la realidad y nunca más permitan adulteraciones y mentiras, para que sean felices en la igualdad y no cesen de perfeccionarse intercambiando conocimientos, para que sean devotos de la existencia comunitaria sin fronteras, en armoniosa comunión universal, sin fragmentación posible, sin separación ni exclusión alguna, unidos permanentemente en el amor.

 

 

 


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Un comentario

30 04 2008
Hans Graf

Oye amigo, pienso que no. Yo y mi pareja nos ocupamos de que nuestros hijos vean televisión de calidad. Evito que vean VTV y en su lugar que se sienten a cenar viendo vale TV. también que no esten pendiente de Video loco o lo chorizo aburridos de Teves o RCTV, sino que sintonicen Discovery Channel cuando pasan cosas interesantes o History Channel o incluso el canal deportivo cuando pasan la formula o cosas que les interesan.

La Tv idiotiza solo a los flojos mentales que usan a la TV como excusa…

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