
En alguna oportunidad le escuche decir a alguien “…lo importante en la vida no es tener éxito, lo que tiene verdadero significado es que la vida sea un éxito…”. Y es que muchas veces al final de todo camino cuando miramos atrás, no sólo las huellas dejadas es lo que miramos, contemplamos nuestra obra y legado.
Hoy cuando fui a caminar por el sendero empedrado que conduce a un sector de la vía que lleva al Chorro del Indio, sitio turístico de mi región (San Cristóbal, Estado Táchira, Venezuela) específicamente a la altura de la Santa Cruz de la misión que cada año se enciende para recordarnos el hecho trascendental del nacimiento de Jesús, justo antes de llegar al descanso, encontré a un hombre mayor, sentado y enviando un mensaje de texto. Quizás avisando a un familiar que había llegado a la cima.
Inmediatamente y recordando que este domingo todos los padres celebran su día, oportuno fue fotografiarlo junto a una valla ubicada a su espalda que indicaba una felicitación por lograr la meta.
Confieso que poco recuerdo de mi padre, pues a muy corta edad lo perdí. Sólo tengo en mi memoria su afán por llegar a casa y velar en todo momento por sus hijos y familia. Muchas veces le acompañe a visitar amigos, donde poco a poco comprendí el valor de la amistad y la relación fraterna que todo hijo tiene con su padre. Nunca nos falto nada en casa, siempre fue exigente y bondadoso a la vez, alegre con sus vecinos y solidario con sus cuñados. Mi padre fue un gran hombre, lo extrañe tanto en los días que partió que aún mantuve la ilusión de que en cualquier momento regresaría y simplemente todo sería un mal sueño. Pero no fue así, debí crecer sólo con mis hermanos y mi madre, mujer que supo cumplir a cabalidad con los dos roles.
Mi padre fue un inmigrante italiano que dejó su tierra para buscar fortuna en un continente donde su idioma no era el mismo. Aún así su ilusión por sembrar raíces y prosperar siempre estuvieron presentes en su voluntad y mente. A pesar de que atrás del camino transitado quedaban su padre, madre y hermanos a la espera de apoyo, tal ayuda jamás falto, pues en todo momento les envió recursos y así cubrieron las necesidades más urgentes de una familia pobre del campo en el sur de Italia.
No sólo herede de mi padre el parecido físico sino su fortaleza y entrega por el trabajo, su honestidad y alegría, herede la capacidad de levantarme cada vez que tropiezo.
Aunque resulte extraño que hoy hable de mi padre, simplemente quiero hacer una reflexión del compromiso y valor que tienen algunos por tener esa hermosa e importante responsabilidad en la vida.
A mis amigos que tienen esa dicha y con quienes comparto al lado de sus hijos, que son como los míos, desearles un feliz día y recordarles el legado que deben entregar a diario, donde la premisa sea el ejemplo y el respeto, pero por sobre todo el amor y la entrega por la familia, aún cuando la adversidad aparezca de vez en cuando.
Miren muy a menudo a los ojos a sus hijos, escúchenlos, acompáñenlos, ayúdenlos con las tareas, háganles sentir que son importantes, en especial háganse amigos para que esa relación sea eterna y nunca les falte su mano.
Hoy miro alrededor de mi familia y encuentro esa mirada entre mis sobrinos y hermanos, dichosos y felices por esa relación, les admiro y respeto, nuestro padre quizás desde donde se encuentre, seguro estará orgulloso de su legado y satisfecho por el fruto de su gran sacrificio. A TODOS LOS PADRES FELIZ DÍA.
Por: Gennaro Pascale